Introducción

Para hallar una posición social seria y alternativa, en cualquier materia, se debe buscar en el origen y en el desarrollo de la problemática a tratar. En este sentido la posición sobre política de drogas del Club Calidad de Vida, debe analizar el devenir histórico-antropológico de la relación del ser humano con las drogas. Ver cuales han sido los orígenes del actual tratamiento que, los Estados y la comunidad de Estados, han dado y están dando en el mundo a la existencia y el consumo de determinadas sustancias, son claves para enfocar con corrección las apuestas políticas en torno a esto.

En este sentido hemos de dejar claro que la problemática que estamos comenzando a estudiar no es una cuestión o una materia que pueda o deba ser tratada desde una perspectiva médica o farmacéutica, aunque esta deba aportar luz científica en determinadas ocasiones. Esta materia debe ser tratada y vista como una problemática antropológica, histórica y social. Por tanto es en éste marco en el que debe afrontarse.

Este primer capítulo del proyecto solo pretende acercarse de manera provisional a la problemática, demandada por las circunstancias, y sirve de base o de contrapunto para el continuo e imprescindible debate.

1. Origen de la construcción del problema

Las drogas han estado presentes siempre en la vida los seres humanos desde el período de la caza y recolección hasta la actualidad. Es por tanto que existe una relación larga entre drogas y personas y que esta ha perdurado más allá de los cambios de modos de producción y desarrollos de religiones. Además es una relación que también ha existido en todas las culturas y geografías. Sin caer en la linealidad histórica, es lógico pensar que esta relación va a continuar en el futuro, a pesar de las políticas coercitivas que en el período histórico más contemporáneo hemos estado sufriendo.

A pesar de que algunos puedan pensar que las drogas estuvieron siempre prohibidas, estas prohibiciones llegaron en el siglo XX y fueron endureciéndose hasta la actualidad, donde parece que comienza a declinar esta tendencia. La influencia de sectores muy conservadores de las potencias europeas y de los Estados Unidos condujeron al primer tratado internacional en la convención que tuvo lugar en la Haya en 1912.

En 1961 se aprobó la Convención Única sobre Estupefacientes de la ONU. En ella el poder imperial de los Estados Unidos se hizo notar y se impuso la teoría de la erradicación y prohibición. En lugar de introducir diferencias de trato donde existían diferencias científicas entre sustancias como el cannabis y la heroína se impuso un elemento moral occidental-céntrico y se clasificó en la misma tipología1 a estos dos productos, así como con otros. Se determinó la eliminación total de estas sustancias como objetivo a seguir menos con algunas excepciones, que interesaban a algunas multinacionales de las potencias2. Ni que decir tiene que Tabaco o Alcohol quedaron al margen de estos objetivos de eliminación total quedando al margen de cualquier tipo de análisis científico de la malignidad de tales drogas con respecto a las otras.

Es a partir de entonces cuando los Estados del mundo adaptan sus ordenamientos jurídicos para armonizarlos en función de los mandamientos de las potencias centrales a través de la ONU y marcan una dinámica histórica posterior. Como elementos caracterizadores de esta dinámica podríamos señalar: predominio del criterio moral-empresarial frente al científico (drogas legales, drogas ilegales); imposición de las grandes potencias, promoción de las drogas buenas, incrementos de los daños de las drogas prohibidas, enfoque represivo y policial, aparición de mafias y de un tráfico ilícito (en el que han entrado los Estados mas poderosos, y de lleno la CIA y la DEA), etc.

La política actual de drogas es definitivamente la de un mundo sin drogas, una política de prohibición, y además de solo algunas de ellas. Esta política y las medidas que las han acompañado van en contra del bienestar social y las consecuencias han sido las contrarias de lo enunciado en sus objetivos, dado que el tráfico no ha hecho sino que aumentar, la adulteración es un hecho grave en ese tráfico y además se ha estado produciendo la violación de derechos humanos y ambientales para la erradicación de la producción en varios lugares del mundo.

2. Política de Reducción de Daños

Las políticas dadas hasta la fecha a nivel internacional se han llevado a cabo en tres partes. Prevención, tratamiento y represión. La primera es entendida como la élite eclesiástica la entiende para el embarazo no deseado. O sea, entendida esta como la de la abstinencia total. Lo cual hace que para una parte importante de la población sea disparatado plantearse siquiera algo de esa índole, teniendo en cuenta que incluso esta perspectiva penaliza el cannabis y derivados. La segunda política es bien conocida en Canarias dado que entronca perfectamente con las políticas sociales de nuestras élites. El asistencialismo como tratamiento médico y/o psicológico como política social central. La tercera política es conocida dado que es llevada a cabo en el mundo a través en buena medida de la DEA estadounidense y bajo el paraguas de la penalización (legal) de la producción, comercialización, etc.

Frente a este modelo de lucha contra las drogas, con unos resultados lamentables en todos los frentes y que no ha podido parar el consumo ni la producción habiendo aumentado la delincuencia al más alto grado, se erigió a partir de 1974 la política de reducción de daños. Su origen viene dado del 20 informe de la Comisión de Expertos de la OMS (organización nada sospechosa de progresista). Este decía que:

“… el principal objetivo (…) debería ser prevenir o reducir la incidencia y severidad de los problemas asociados con el uso no médico de las drogas. Este es un objetivo mucho más amplio que la prevención o reducción de drogas per se.”

Dicha propuesta choca con la orientación política anteriormente descrita de ilusoria eliminación de algunas drogas al completo. En coherencia con esto en la sesión de drogas de la ONU para el periodo 1998-2008, que marca la línea a seguir mundialmente en esta materia, no se mencionó en ningún momento la reducción de daños. Esta nueva estrategia se sale de la represora filosofía occidental y la enmarca en el realismo de una continuación irremediable del consumo de sustancias por el ser humano. Evidentemente aunque este enfoque sea mas acertado en el tratamiento de las drogas en las políticas públicas, la materia es lo suficientemente compleja como para que se deba seguir profundizando en medias concretas y nuevos enfoques que vayan más allá de por ejemplo, salas de metadona, intercambio de jeringuillas, etc. derivadas de esta teoría.

En principio parece razonable que esta política de reducción de daños se considere como rectora de la política de drogas del Club Calidad De Vida y que ésta deje de estar supeditada a políticas represoras precedentes de las élites occidentales y de una moralidad hipócrita a más no poder. Por tanto debemos apoyar e impulsar todas las medias posibles que desde esta filosofía se pueda impulsar para el beneficio de los pueblos y de las personas.

3. Normalización

Debemos hablar de normalización del consumo de drogas entendiendo esta como el consumo desde el conocimiento y la responsabilidad de personas autónomas y libres tanto individual como colectivamente. Normalizar es tener en cuenta todo lo dicho hasta ahora, en la relación del ser humano con las drogas frente a las políticas interesadas, hipócritas y completamente fracasadas. La despenalización progresiva del consumo y producción a pequeña escala de drogas en un marco de normalización que ademásdebe ser no capitalista debe ser un horizonte irrenunciable de nuestro partido. Experiencias como las que se están dando a raíz de las fisuras del ordenamiento jurídico del Estado Español en el autoconsumo colectivo del cannabis, son esperanzas no solo en éste ámbito sino transpolables a la esfera social y económica. En estas experiencias legales, a partir de varias sentencias de tribunales supremos, personas se organizan para la producción y el consumo de manera colectiva en asociaciones de carácter legal, demostrando, una vez mas, que se puede ejercer incluso mayor responsabilidad social desde gentes consumidoras habituales que desde otras esferas sociales con mayor “prestigio”.

La política de drogas debe servir para establecer y mantener las condiciones bajo las cuales la salud, el bienestar, el equilibrio y el enriquecimiento personal, físico, mental y espiritual de individuos y de sociedades puedan prosperar. La legislación en este sentido debe respetar los derechos individuales de las personas haciéndolo desde una perspectiva en las que las beneficie de manera colectiva y en ningún caso haga de cobertura legal para una producción y comercialización en un sentido capitalista-neoliberal. El futuro legal de las drogas es probable que se torne hacia la legalización, de hecho ya lo está haciendo. El peligro que se corre es que lo haga en forma de mercantilización y que sea asumida por unas nuevas mafias, como las multinacionales farmacéuticas, ahora legales.

La política con respecto a las drogas que estamos entonando requiere como no puede ser de otra forma de un bloque de medidas en política social que vayan en consonancia con la transformación social. No es posible aislar la política de drogas con respecto a las demás ya que haría imposible su eficacia. La sociedad canaria lleva un camino contrario al que nosotros tenemos pensado como un desarrollo liberador. El crecimiento de la pobreza, marginalidad y desigualdad, la irresponsabilidad social en parte fruto del asistencialismo, el paro, el aumento del fracaso escolar, etc. están en consonancia con la política de drogas de las élites. Personas irresponsables, no formadas, despolitizadas, con escasa autoestima e identidad, etc podrán hacer, con más facilidad, un uso negativo y dependiente de las drogas. De hecho el consumo de drogas legales como algún tranquilizante se encuentra disparado en las islas. Nuestra política de drogas pues, debe estar enmarcada como deben estar todas las demás, en la perspectiva de transformación social y la creación de la utopía del hombre nuevo que pueda dar un uso equilibrado, responsable y libre de las drogas, si es que desean hacer uso de estas.

En conclusión y en palabras de Antonio Escohotado:

No es preciso cambiar del día a la noche, pasando de una tolerancia cero a una tolerancia infinita. Caminos graduales, reversibles, diferenciados para tipos diferentes de sustancias y toda especie de medidas prudentes son sin duda aconsejables. Lo esencial es pasar de una política oscurantista a una política de ilustración, guiados por el principio de que saber es poder y de que el destino de los hombres está en el conocimiento”.

1 Se introdujo al cannabis en las drogas de tipo I.

2 En el articulo 27 del tratado de 1961 la Coca Cola se aseguró su suministro de Opio.

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